Imprescindibles “No te mueras sin ir a Ronchamp” (Sáenz de Oíza)


Imprescindibles “No te mueras sin ir a Ronchamp” (Sáenz de Oíza)

Imprescindibles, serie de documentales sobre los personajes más destacados de la cultura española del siglo XX.

Francisco Javier Sáenz de Oíza, nació en Cáseda (Navarra) pero se crió en Sevilla. Su padre, también arquitecto, pidió el traslado a Madrid, con toda la familia, para que Oíza pudiera estudiar arquitectura. “Quería ser arquitecto porque su padre era un hombre bueno”, dirá el también arquitecto Javier Vellés quien pasó a formar parte de la familia de arquitectos que le acompañó a lo largo de su vida.

Maestro de maestros, Oíza dejó en las aulas de la Escuela de Arquitectura de Madrid la esencia de su pensamiento, definido por él mismo como contradictorio. “¿Qué es un maestro? -se pregunta el arquitecto Josep Quetglas-. El maestro no te propone lo que has de hacer si no que te impide seguir haciendo lo que estás haciendo. El maestro está obligado a rechazarte y consigues distanciarte de él por lo que él te ha enseñado. Oíza lo era”. 

No te mueras sin ir a Ronchanp entra en la leyenda del personaje y en la estrecha relación que mantuvo con el escultor y poeta Jorge Oteiza, a quien conoció a principios de los años 50 en Aranzazu, y cuya relación se mantuvo hasta el fin de sus días.

Fue precisamente Oteiza quien, en los últimos meses de vida del arquitecto, le dijo que visitara la capilla que Le Corbusier había levantado en el noroeste de Francia y dio origen a esta frase mítica “No te mueras sin ir a Ronchamp”.

Si Oíza tenía razón y la arquitectura es como la grafología, quizá adentrándonos en Torres Blancas, en el Banco de Bilbao o en el Palacio de Festivales de Santander podamos conocer el universo que rodeó a Oíza, y a un Oíza más allá de su obra.


FICHA TÉCNICA


Producción: RTVE y Radio Televisión Española

País: España

Año: Diciembre 2014

Duración: 60 min.

Género: Documental


Link Video


Francisco Javier Sáenz de Oiza


Se licencia en la Escuela de Arquitectura de Madrid, en 1946, recibiendo el “Premio Aníbal Alvárez” al mejor expediente académico y ese mismo año gana el premio nacional de Arquitectura. Recién acabados sus estudios, en 1947 viaja a los Estados Unidos para ampliar sus conocimientos gracias a la beca “Conde de Cartagena”, concedida por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En 1949, vuelve a España y comienza a trabajar como profesor del Departamento de Instalaciones de la Escuela de Arquitectura de Madrid. Entre sus primeras construcciones se encuentran viviendas como el Poblado de Absorción de Fuencarral en 1958 y la del Poblado de Batán en 1960. En 1968 logra la Cátedra de Proyectos y de 1981 a 1983 es director de la Escuela.

Tras su jubilación a los 67 años continuó como profesor emérito de la misma.

Su actividad docente la compaginó durante toda su vida con la actividad profesional. Fue colaborador de Romany en la construcción de viviendas sociales y en el estudio de Manuel Cabeñes.

Maestro de arquitectos desde la universidad y desde su estudio, por el que pasaron entre otros Francisco Alonso, Rafael Moneo (1956-1961) y Juan Daniel Fullaondo.

Considerado una de las cumbres de la arquitectura moderna española, fue en su momento un creador polémico y arriesgado con obras discutidas pero que acabaron convirtiéndose en símbolos.

“Los arquitectos no hacemos las obras, son expresiones de una cultura, de un tiempo, ¿cómo va a firmar uno una civilización? uno da forma a una cosa inevitable, es como la grafología. Uno no se inventa el tipo de letra, dado su temperamento, tiene un tipo de letra”, decía el arquitecto Sáenz de Oíza.


 

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